Junto a Osvaldo Nieva (Paulote en el foro) organizamos una salida fotográfica, lo que en nuestro foro le llamamos un Safageek, neologismo que utilizamos para identificar que es un safari de Fotogeek. Osvaldo estaba munido de su Nikon D90 y una variedad de lentes entre ellos un gran angular Tokina 12-24mm que es una maravilla, mientras que yo estaba con mi Nikon D40 y 3 lentes, todos Nikon: un 18-55mm f/3,5-5,6 VR, el 55-200mm f/3,5-5,6 VR y un prime 50mm f/1.8 que es una delicia. Acordamos que nuestro punto de inicio sería el extremo sur de nuestro raíd: Villa Chicligasta.

    Itinerario Raid Tucma

    Villa Chicligasta

    Empezamos por Chicligasta, donde existe la iglesia más antigua de Tucumán: me refiero a las que aún están consagradas. Aunque el edificio es del siglo XVIII, dos siglos antes las crónicas ya mencionaban al “curato de Chicligasta”, por lo que se presume que ésta se construyó sobre las ruinas de otras anteriores:

    Iglesia de Chicligasta por Osvaldo Nieva

    En la zona, la gente vive humildemente, en una economía de subsistencia. Aquí, un torno de madera para amasar el pan:

    Iglesia de Chicligasta por Osvaldo Nieva

    Y se movilizan en sulky, un carruaje ligero, de un solo caballo, que permite vadear lodazales y campos de arena:

    Sulky por Osvaldo Nieva

    No pudimos entrar al templo, porque la cuidadora estaba durmiendo la siesta (institución sagrada en las provincias del norte). Pero pudimos fotografiar el interior desde el coro, accediendo por una escalera externa a tal fin.

    Acceso Campanario y Coro por Marcelo Lamarque

    Interior Iglesia desde el Coro por Marcelo Lamarque

    Otra institución es el típico “machao”, borrachín amable y guía turístico que vive en los recovecos del edificio. Cuando le tomamos una foto y se las mostramos, atinó a decir: “La pucha, hoy no mi peinao”, quejándose de no poder estar a la altura de la improvisada sesión fotográfica por estar despeinado.

    Machao por Osvaldo Nieva

    Los pocos vecinos que pasaban a esa hora estaban azorados por la importancia que estos “porteños” le daban al curda (en el campo tucumano, todo tipo con auto y cámaras fotográficas es “porteño”. Qué le vamos a hacer…)

    Simoca

    Después nos fuimos a la feria de Simoca, que funciona hace 300 años. Allí Osvaldo compró un quesito, pan casero y unos ajíes picantísimos, y probó pastel de novios, una especie de tarta con relleno de gallina, cerdo y arrope o pelones, con una cubierta de merengue. Es un plato en extinción, pero se crió comiéndolo en las bodas y cumpleaños familiares. Y lo extraña…

    Los ajíes eran un festival de colores…

    Ajíes por Osvaldo Nieva

    Unas cocineras gorditas se apuraban para hornear sus empanadas

    Empanaderas Osvaldo Nieva

    Simoca, como la mayor parte de las localidades de Tucumán es una zona donde el cultivo de la caña de azúcar cubre la mayor parte de su superficie. En la feria, se lo evoca a través de una réplica de las viejas carretas cañeras que eran tiradas por bueyes o caballos.

    Carreta Cañera por Marcelo Lamarque

    Atahona

    Pasando por esta localidad a la vera de la ruta, ya de regreso, encontramos unas ruinas a las que Osvaldo en sus viajes nunca le había dado mayor importancia, pero como la curiosidad era importante decidimos detenernos. Tomamos nuestras fotos sin saber de qué se trataba: parecía una iglesia antigua, casi destruida. Un día después, el domingo, le mandé a Osvaldo un mail con un link sobre una nota que había publicado el diario La Gaceta. Se trataba del antiguo convento de San Antonio de Padua.

    Ruinas del Convento de San Antonio de Padua por Osvaldo Nieva

    Ruinas del Convento de San Antonio de Padua por Osvaldo Nieva

    Frontis de las Ruinas del Convento de San Antonio de Padua por Marcelo Lamarque

    La evidencia de que era un convento es esta pared que contenía a la imagen del Santo y donde estaba el altar de la capilla del mismo.
    Altar por Marcelo Lamarque

    Lules

    Satisfechos con nuestras tomas (al menos por la cantidad 😉 )decidimos continuar hacia el norte, para visitar las Ruinas Jesuíticas de San José de Lules.

    Frente Iglesia San José de Lules por Marcelo Lamarque

    Como las están remodelando, no hubo fotos “limpias”: por todas partes hay andamios y puntales de paredes.

    Sector posterior Ruinas de San José de Lules por Marcelo Lamarque

    El edificio original tiene unos 400 años, y los terrenos cercanos fueron la primera plantación importante de caña de azúcar en el Tucumán. En 1767, el rey español Carlos III expulsó a los jesuitas de América, destruyendo su obra educadora y transfiriendo sus cuantiosas posesiones a la orden de Santo Domingo, quienes se hicieron cargo y remodelaron el edificio a como lo vemos actualmente, en 1781.

    Allí se albergaron próceres de la Independencia como Fray Justo Santa María de Oro y Manuel Belgrano, quien se repuso en el lugar de sus heridas en combate. La imagen que preside el altar (San José y el Niño) es original de la orden jesuítica, es decir que pasa de los 300 años.

    Altar Iglesia de San José de Lules por Osvaldo Nieva

    San José y El Niño por Marcelo Lamarque

    Saludos, espero que les guste y no dejen de comentar.

    Nota: Para el que le interese las coordenadas GPS, las fotos de Marcelo están georeferenciadas en su Flickr