Muchos de nosotros sacamos fotos, cientos, miles de ellas con nuestra cámara digital. Aquellos que hayan adquirido una réflex digital recientemente se preguntarán “¿Qué es esa opción para guardar las imágenes en RAW?”. Si bien el tema de que formato utilizar podremos hablarlo más adelante, básicamente el formato RAW es la imágen sin ningún tipo de proceso ni compresión por parte de la cámara digital. Esta opción sólo se encuentra disponible en cámaras prosumer o profesionales ya que se trata de lo más parecido a un negativo original, pero digital.

Por ejemplo, al sacar una foto en formato RAW veremos que el ajuste que hagamos para el balance de blancos tendrá poco efecto ya que éste formato está pensado para ser procesado posteriormente en la computadora con programas como el Photoshop. Y al no estar preprocesado por la cámara de fotos, poseemos un negativo digital que nos permite jugar con mayor flexibilidad, como con los negativos de rollo.

Ahora bien, el formato JPG se utiliza mundialmente por su excelente nivel de compresión (un archivo RAW puede pesar entre 20 y 30 Mb mientras que un JPG de las mismas dimensiones llega a pesar unos 3 a 4 Mb) y por mantener una muy buena calidad de imágen. Obviamente una vez que sacamos una foto en JPG, como el procesado lo hace la cámara de fotos, no podremos ajustar el balance de blancos en nuestro editor de imágenes como con un archivo RAW.

Toda esta introducción me lleva a la siguiente pregunta: ¿Cuánta calidad se pierde al comprimir una imagen en formato JPG?”.

A simple vista poco y nada. Tal vez si tenemos un ojo de lince nos demos cuenta, pero el ojo común no podría darse cuenta, siempre hablando de un JPG producido por una buena cámara de fotos. Pero si guardamos un archivo JPG 600 veces sin hacerle ningún tipo de modificación, veremos como empieza a degradarse. Y este es el efecto:

Vía: Abadía Digital